Desde la caída del primer Imperio mexicano, casi inmediatamente después de que se instaló el Supremo Poder Ejecutivo y de que México inició su vida como Nación independiente, se ha reconocido la labor de los próceres de la Patria y se ha procurado mantener viva su memoria; para tal efecto, el 19 de julio de 1823, el Congreso Nacional emitió un decreto que ordenaba reconocer a los precursores de la Independencia, como Beneméritos de la Patria en grado heroico, y reunir sus restos para rendirles un homenaje público.
El decreto declaró beneméritos de la Patria a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamoros, Leonardo Bravo, Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, Mariano Jiménez, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales. Más tarde fueron declarados de igual forma Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Benedicto López.
En el mismo decreto se dispuso exhumar los restos de cada uno de los personajes, y el 17 de septiembre del mismo año, fueron depositados (sólo algunos) en una capilla de la Catedral de la Ciudad de México.
Después de años de abandono y de una mala administración en sus cuidados, en 1925, por intervención del entonces Presidente Plutarco Elías Calles, los restos de los Beneméritos de la Patria fueron trasladados a la Columna de la Independencia, inaugurada en 1910, y más tarde, algunos fueron llevados para su estudio, al Museo Nacional de Historia.
Referencia:
Independencia/ La pérdida (hasta los huesos) de nuestro pasado. Carmen Saucedo. Serie Bicentenario.